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Ejemplos de Oraciones católicas

Las oraciones católicas son prácticas religiosas populares y litúrgicas; es decir que pueden ser entonadas fuera o dentro de la iglesia en ocasiones específicas o espontáneas. Las oraciones católicas se ofrecen a Dios, los santos, la Virgen, etc., para rendir pleitesía, pedir perdón, prometer alguna manda, etc. Además, las oraciones ayudan a vivir mejor dentro de la vida católica como fiel creyente que profundiza y ama su fe, depende de cada persona la oración que realiza, y los motivos por los que la dedica a Dios. Lo importante de cualquier oración es que no es obligatoria o impuesta, pues se realiza de acuerdo a la disposición, fe y necesidad del creyente.

Las oraciones son siempre vistas como alimento para el alma, pues son un medio para la comunicación con Dios. Las oraciones católicas o de alguna otra religión, pueden ser diálogos espontáneos individuales de reflexión, juicio, ayuda, etc., o también, ejercicios basados en la biblia y guiados por un sacerdote dentro de la iglesia.

Las oraciones católicas son prácticas religiosas para un medio para la comunicación con Dios.

10 Ejemplos de oraciones católicas:  

1. Santísima maría. 

“Perpetuas alabanzas a María, Doncella Pura, Virgen sempiterna, Madre de Cristo, abogada de la humanidad, Reina del paraíso, puerta de la gloria y Ama de la Creación. Tú eres la Virgen Única; Tú sola has concebido sin Pecado Original; Tú, Virgen Pura que concibió a Jesucristo sin mancha, por obra del Espíritu Santo. Tú sola, Virgen, Madre elegida de quien nació el Creador y Salvador. Por esto, a ti te imploro que ruegues por nosotros a Jesucristo, tu santo Hijo y Señor, y nos libres de todos los males. Amén”. 

2. Oración del ofrecimiento de vida. 

“Mi amable Jesús:
Delante de la Santísima Trinidad, delante de Nuestra Madre del Cielo y de toda la Corte Celestial, ofrezco, según las intenciones de Tu Corazón Eucarístico y las del Inmaculado Corazón de María Santísima, toda mi vida, todas mis santas Misas, Comuniones, buenas obras, sacrificios y sufrimientos. Uniéndolos a los Méritos de Tu Santísima Sangre y a Tu Muerte de Cruz. 

Para adorar a la Gloriosa Santísima Trinidad. Para ofrecerle reparación por nuestras ofensas. Por la unión de nuestra Santa Madre, la Iglesia. Por nuestros Sacerdotes. Por las buenas vocaciones Sacerdotales. Y por todas las almas hasta el fin del mundo. 

Recibe, Jesús mío, mi ofrecimiento de vida y concédeme la gracia para perseverar en él fielmente hasta el fin de mi vida. Amén”. 

Las oraciones católicas son prácticas religiosas para un medio para la comunicación con Dios.

3. Oración a San José. 

Grandioso San José, que fuiste honrado por el Eterno Padre, guía del Verbo Encarnado, bendecido por el Espíritu Santo y amado por la Virgen María, alabo y bendigo a la Santísima Trinidad por los privilegios y méritos que te concedió. Eres poderosísimo y jamás se oyó decir que alguien haya recurrido a ti, y fuese de ti defraudado. 

Consuelo de los afligidos, Amparo de los pobres, Abogado de los pecadores. Acoge, así, con bondad paternal a todo el que te invoca con filial confianza, y concédeme la gracia que te pido. 

Yo te escojo como mi especial protector. Se, con Jesús y María, mi alivio en esta tierra, mi asilo en las desgracias, mi guía en las vacilaciones, mi seguridad en la aflicción, mi padre solícito en todas las necesidades. 

Obtenme finalmente, como corona de tus favores una buena y santa muerte en la gracia de nuestro Señor. Amén”. 

4. Oración por la guarda de los ángeles. 

¡Omnipotente y Eterno Dios! Envíanos la protección de Tus Huestes Celestiales para que seamos defendidos de los temibles ataques del maligno para que, preservados de todo peligro por la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo, y por la Intercesión de la Inmaculada y Santísima siempre Virgen María, Te sirvamos nuevamente en la Paz. Por nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, Quien Contigo y el Espíritu Santo Vive y Reina como Dios en la Eternidad. Amén.

5. Oración a San Miguel Arcángel. 

Defiéndenos en la pelea contra satanás y sus demonios. Sé nuestro amparo y protección. Que el Altísimo te dé el poder y el permiso para que nos asistas y que Dios haga oír Su Voz imperiosa para que expulse a satanás y sus demonios que quieren hacer perder a la humanidad. Que tu grito: “¡Quién como Dios! ¡Quién como Dios! “¡Quién como Dios!” Someta a satanás y sus demonios bajo nuestros pies. Amén”.

6. Súplica a los ángeles. 

Oración Inicial ¡Dios Todopoderoso y Eterno, Uno en Tres Personas! Antes de pedirle a los Santos Ángeles, tus Servidores y de llamarlos en nuestro socorro, nos postramos delante de ti y te adoramos: Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Bendito y alabado seas por toda la eternidad. Que todos los Coros de Ángeles y los hombres que has creado, te adoren, te amen y te sirvan. ¡Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal! 

Y tú, María, Reina de los Ángeles, Medianera de todas las Gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que les dirigimos a los Ángeles, tus Servidores, y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo, para que obtengamos de Él su Gracia, su Salvación y su Auxilio. Amén. Ángeles Grandes y Santos, Dios los envía a ustedes, para protegernos y ayudarnos. Amén”.

7. Oración al Señor: Creo en ti. 

Cuando llega la dificultad y las pruebas, en los momentos de angustia, de duda o enfermedad, es bueno decir al Señor que seguimos creyendo en él. 
Señor, tú siempre me has dado la fuerza necesaria, y, aunque débil,
Creo en ti.

Señor, tú siempre me has dado la paz de cada día, y, aunque angustiado,
reo en ti.

Señor, tú siempre me has protegido en la prueba, y aunque estoy en ella,
Creo en ti.

Señor, tú siempre has alumbrado mis tinieblas, y aunque no tengo luz,
Creo en ti. 

8. Oración de la Sangre de Cristo. 

Poderoso Jesucristo, invocamos tu nombre y con el Poder de tu Preciosa Sangre sellamos toda persona, hecho o acontecimiento a través de los cuales el maligno quiera dañarnos. 

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos todo poder destructor en el viento, en la tierra, bajo la tierra, en las aguas, en el fuego, en las fuerzas demoniacas de la naturaleza, en los abismos infernales, y en el mundo sobre del que hoy nos movemos. 

Con el Poder de la Sangre de Jesús rompemos toda injerencia y acto del maligno. Te pedimos Señor Jesucristo, que envíes a nuestros morada y centros de trabajo a la Santísima Virgen, escoltada por los Arcángeles San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda la Corte Celestial. 

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra morada, a todos los que la habitamos (nombrar a cada habitante), a las personas que el Señor enviará en visita, así como los alimentos y los bienes que Él generosamente envíe para nuestro sustento. 

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos suelo, ventanas, puertas, enseres, muros, pisos y el aire que inhalamos, y con fe colocamos un círculo de Su Preciosa Sangre alrededor de toda nuestra familia. 

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde estaremos en el día, trabajos y oficinas, así como a las personas con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas). 

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra fuente de trabajo material y espiritual, los negocios familiares, y los vehículos, los caminos, las aguas, los aires, y todas las vías y medios de transporte que habremos de utilizar.

Con Tu Sangre preciosa sellamos las acciones, los pensamientos y los corazones de todos los habitantes y gobernantes de nuestra Patria para que Tu Paz y Tu Corazón al fin reinen a través de ellos.

Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, pues gracias a ellas somos salvos y preservados de todo mal. Amén”. 

9. Oración para consagrarse al Inmaculado Corazón de María. (Movimiento Mariano). 

Virgen de Fátima, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores, nosotros, adhiriéndonos al Movimiento Mariano, nos consagramos de un modo especialísimo a tu corazón Inmaculado. Con este acto de consagración deseamos vivir contigo y por tu intercesión, todos los compromisos asumidos con nuestro sacramento bautismal; comprometiéndonos a realizar en nosotros la conversión de corazón, tan requerida por el Evangelio, que nos libre de toda inclinación a nosotros mismos y a los fatuos compromisos del mundo, para estar, así como tú, sólo dispuestos a hacer siempre la voluntad del Padre. 

Y mientras queremos confiarte, misericordiosa y dulcísima Madre, nuestra vida y vocación cristiana, para que dispongas de ellas en tus designios de salvación; y en esta hora determinante que pesa sobre el mundo, nos comprometemos a vivir según tus designios. En particular desarrollando un renovado espíritu de oración y penitencia, participando fervorosamente en la celebración de la Eucaristía y el apostolado, rezando diariamente el Santo Rosario y viviendo modestamente, conforme al Evangelio, haciéndonos un buen ejemplo para todos los que desean vivir en la observancia de la Ley de Dios y en la práctica de las virtudes cristianas, especialmente la pureza. 

Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la Jerarquía y a nuestros Sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de contestación al Magisterio, que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia. Bajo tu protección queremos también ser los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa sobre el cual invocamos de ti una especial protección. 

Finalmente, te prometemos llevar a las almas con las cuales entremos en contacto, en cuanto nos sea posible, a una renovada devoción hacia ti. Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, de que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, de que el mal y el pecado se propagan cada vez más en el mundo, nos atrevemos a levantar, confiados, los ojos a ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, y también hoy, invocar y esperar de ti la salvación para todos tus hijos. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! 

10. Oración de San Francisco de Asís.

“Señor: hacedme instrumento de vuestra paz;
Que donde haya odio ponga amor;
Donde haya ofensa, exista el perdón;
Donde haya discordia, unión;
Donde haya error, verdad;
Donde haya duda, fe;
Donde haya desesperación, esperanza;
Donde haya tinieblas, luz;
Y donde haya tristeza, alegría. 

¡Oh, Maestro Divino! Que no busque yo ser consolado, como consolar;
Ser comprendido, como comprender;
Ser amado, como amar;
Porque dando recibimos.

Al olvidarnos, nos encontramos;
Al perdonar, somos perdonados;
Y al morir, resucitamos a la vida eterna” Amén”.

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Por : Morris

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