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Oraciones poderosas

Las oraciones poderosas son aquellas que se realizan debido a la enorme necesidad de obtener la ayuda y la gracia de Dios en diversos asuntos. En la oración poderosa, se le pide al Creador que elimine, principalmente, los obstáculos que aparecen en nuestro camino; así como también, para que alivie los males o dolores que llegamos a sufrir nosotros o nuestros seres queridos.

Las oraciones poderosas son siempre un ejercicio de gran ayuda siempre y cuando se realicen de manera sincera, con fe y paciencia. Son oraciones eficaces para cortar o eliminar hechizos, amarres, librarse de enemigos, envidias; pedir protección ante accidentes; suplicar por la sanación de enfermedades que parecen incurables, etc.

Entre este tipo de oraciones se encuentran la Magnífica, la cual es considerada como una de las oraciones más eficaces, poderosas y milagrosas que existen; la oración a la Santísima Trinidad, Justo Juez y la Mano Poderosa.

Entre los diversos favores que se piden en las oraciones poderosas están los siguientes:

  • Para lograr estar más cerca de Dios.
  • Para conseguir algo que anhelamos.
  • Para obtener la sanación de alguna enfermedad.
  • Para estar protegidos de cualquier mal o enemigo.
  • Para liberarse de hechizos, males de ojo, etc.
  • Para acabar con envidias y odio.

 10 Ejemplos de oraciones poderosas: 

Las oraciones poderosas son las que tienen fama de milagros grandes y fuertes.

1. Oración al Justo Juez.

(Se sugiere decir la petición específica antes de la oración.)

“Divino y Justo Juez de vivos y muertos, eterno sol de justicia, encarnado en el casto vientre de la Virgen María por la salud del linaje humano.

Grande y justo juez, que eres creador del cielo y de la tierra y que murió en la cruz por su gran amor a mí.

 Tú, que fuiste envuelto en un sudario y puesto en un sepulcro del que al tercer día resucitaste vencedor de la muerte y del infierno. Grande, Justo, magnánimo y Divino Juez, oye mis súplicas, atiende a mis ruegos, escucha mis peticiones y dales favorable despacho.

Tu voz imperiosa serenaba las tempestades, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos como Lázaro y al hijo de la viuda de Naim.

El imperio de tu voz ponía en fuga a los demonios, haciéndoles salir de los cuerpos de los poseídos, y dio vista a los ciegos, habla a los mudos, oído a los sordos y perdón a los pecadores, como a la Magdalena y al paralítico de la piscina.

Tú que te hiciste invisible a todos tus enemigos, a tu voz retrocedieron cayendo por tierra en el huerto los que fueron a aprisionarte y cuando expirabas en la Cruz, a tu poderoso acento se estremecieron los orbes.

Tú abriste las cárceles a Pedro y le sacaste de ellas sin ser visto por la guardia de Herodes. Tú salvaste a Dimas y perdonaste a la adúltera.

Yo humildemente te suplico, Justo Juez, me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles: la Sábana Santa en que fuiste envuelto me cubra, tu sagrada sombra me esconda, el velo que cubrió tus ojos ciegue a los que me persiguen y a los que me deseen mal, ojos tengan y no me alcancen, manos tengan y no me tienten; oídos tengan y no me oigan, lengua tengan y no me acusen, y sus labios enmudezcan en los tribunales cuando intenten perjudicarme.

¡Oh, Jesucristo Justo y Divino Juez!, favoréceme en toda clase de angustias y aflicciones, lances y compromisos, y haz que al invocarte y aclamar al imperio de tu poderosa y santa voz llamándote en mi auxilio. Las prisiones se abran, las cadenas y los lazos se rompan, los grillos y las rejas se quiebren; los cuchillos se doblen y toda arma que sea en mi contra se embote e inutilice.

Que ni los caballos puedan alcanzarme, ni los espías puedan mirarme y que no me encuentren. Tu sangre me bañe, tu manto me cubra, tu mano me bendiga, tu poder me oculte, tu cruz me defienda y sea mi escudo en la vida y a la hora de mi muerte.

¡Señor y justo juez, gran hijo de nuestro eterno padre, tú con el padre santo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios verdadero! ¡Oh Verbo Divino hecho hombre! Yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad para que libre de todos los peligros y glorifiquen tu Santo Nombre. Amén”.

2. Oración Mano Poderosa.

“Gloriosa casa del pueblo de Jerusalén.

Casa en donde nuestro padre celestial entro y apenas el malo lo vio, huyó.

Dios hijo, hoy vengo ante ti para que intercedas frente a dios padre y le hables de mí y le pidas en mi nombre que necesito que el mal se aleje de mí y de mi casa

(Mencionar la situación difícil o la petición)

Jesús, permite que el mal se vaya y que por favor entre el bien en esta casa. Sabes que las ventanas y las puertas de esta casa siempre están abiertas para que entre tu humilde presencia.

Para que siempre se siente con nosotros a comer.

Pero el mal también logro entrar y quiero expulsarlo de aquí y solo tú y tu padre pueden hacerlo.

Padre, trae la sanación para mi cuerpo, para mi mente y para mi espíritu.

El gran poder de tu mano, gran padre y la mano poderosa de tu hijo son las únicas que tienen el verdadero poder para restaurar las cosas.

Yo necesito que restaures mi alma, que golpees mi casa y que el espíritu maligno que en ella habita, se retire hoy y para siempre.

No dejes que nunca más vuelva a entrar.

(Realizar una segunda petición o repetir la primera)

Padre e hijo, no me desampare nunca.

Jesús por favor intercede por mí ante nuestro padre celestial.

Intercedan con sus manos poderosas y divinas y denme el bien que amerita mi cuerpo para que así pueda seguir sirviéndoles.

Pero todo esto lo pido si realmente es su voluntad de hacerme este milagro.

Alejen lo malo de mí y tráiganme la sabiduría para afrontar las cosas. Amén”.

3. Oración para Jesús.

“Tú, Señor, Amigo, Vida, Luz.

Tú, Amor y Misericordia, eres bendito por el Padre Eterno, por tu madre Inmaculada.

Jesús, te amo.

Por el poder de tu Santa Sangre derramada suplico tu asistencia, tu perdón y protección.

(Se sugiere mencionar la súplica o el favor, el problema o el dolor que por el cual se atraviesa)

Tú, eres el Principio y el Fin. Eres, Señor, el Verbo y el Amor de Dios.

Ante tus plantas me pongo, Salvador mío, y te ofrezco todos y cada uno de mis pensamientos. Suplico tu asistencia, tu perdón y protección.

Concédeme quietud, concédeme paz. En tus manos me pongo, Padre, y confío en tu Palabra hasta el fin de mis días. Amén”.

(Rezar un Padre Nuestro y un Credo).

4. Oración poderosa por la gratitud hacia el Padre.

“Es tu amistad la más grande y única verdad que conozco

El tu amor el más bello conocimiento que poseo.

No hay en mi corazón cabida para ningún mal pensamiento o sentimiento; tú me muestras a cada instante a amarme y amar a mi prójimo.

Si alguien se siente ofendido por mis actos te pido perdón solo a ti, Padre, pues tú conoces las razones de mi justo proceder y a nadie he de rendir cuentas más que a ti desde el fondo de mi corazón.

Sin intenciones malignas, sin palabras ofensivas, sin pensamientos insanos, sin maldad en mi ser, vengo a abrir mi alma ante ti para pedir que con tu poder supremo elimines de mi camino deseos negativos de las personas que actúan de manera equivocada.

Te pido también que les des la paz que necesitan para que aprendan a amarse.

Te pido que no les desampares y les muestres el camino del bien, pues ellos se han perdido de tu mano.

En tu poder está mi resguardo; a nadie temo, en nadie creo más que en ti Dios Infinito, Dios Justo, Eterno Templo, Única Verdad, Único Camino. Amén”.

5. Oración poderosa para diversos fines.

“Que el Espíritu Santo venga hasta este humilde hogar, visite y llene de la Gracia Divina a todos los corazones y las almas que el Señor creó.

Te ruego que en mi alma permanezcas, Espíritu Infinito, Santa Trinidad, Divinidad de los cielos, Preciosa promesa de salvación y amor.

Espíritu y don de Dios Eterno, eres la unción espiritual, el bálsamo de todos los males que nos acontecen.

Por la mano de Dios te envía, te guía, y llegas hasta nosotros con el Poder para socorrernos y protegernos.

Con esta oración pongo a tu resguardo mi ser y corazón, para que con tu perpetuo auxilio nos salves de males todos. Así, por tu invencible fuerza evitas que lo maligno nos toque.

Gracias, oh Espíritu de Dios.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Amén”.

6. La Magnífica.

(Incluir la petición antes o al final de esta oración milagrosa)
“Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu se llena de gozo, al contemplar la bondad de Dios mi Salvador.
Mi gran señor, tu que has dirigido tu gran mirada en la pequeña y humilde sierva suya, y ver aquí el motivo porque me tendrá en forma dichosa y feliz, todas las generaciones.
Pues ha hecho en mi favor, cosas grandes y maravillosas, el que es Todopoderoso y su nombre infinitamente Santo.
Su gran y perfecta misericordia se extiende de generación tras generación, a todos cuantos le aman y le temen.
Extendió el brazo de su poder, y disipó el orgullo de los soberbios, trastornando sus designios.
Desposeyó a los poderosos; y elevó a los humildes.
A los necesitados los llenó de bienes, y a los ricos dejó sin cosa alguna.
Señor has exaltado a Israel que es tu siervo, acordándose de él por su gran lealtad, misericordia y bondad.
Así como tú lo habías prometido a nuestro padre Abraham y a toda su descendencia, por los siglos de los siglos. Así sea. Amén”.

7. Oración Alma de Cristo.

“Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén”.

8. Oración a la Santísima Trinidad. Para todas las causas casi imposibles.

“Dios mío, Trinidad que adoro, ayúdame a olvidarme enteramente de mí mismo para establecerme en ti, inmóvil y apacible como si mi alma estuviera ya en la eternidad.

Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de ti, mi inmutable, sino que cada minuto me lleve más lejos en la profundidad de tu Misterio.

Pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada amada y el lugar de tu reposo.

Que yo no te deje jamás solo en ella, sino que yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas a tu acción creadora. Amén”.

(Se sugiere rezar el Credo, un Padre Nuestro y un Ave María).

9. Oración a la corte celestial para pedir por la buena suerte.

“Conjúrate suerte con Dios Padre, con Santa María su Madre, con tres libros misales, con tres cirios pascuales y con la misa de Roma.

Conjúrate suerte con San Pedro y San Pablo, y el Apóstol Santiago; y el Señor de la Verdad y la Santa Trinidad, que me concedan esto que deseo demandar… (Se debe decir la petición para el problema o situación).

Esto pido a la buena suerte, que aliada con todos los santos, mi petición atenderá, por el Gran Poder de Dios, de la Virgen María, de los Santos, de los Ángeles, y de las almas que en el purgatorio están.

Que Dios las libre de penas y las lleve a descansar. Amén”.

10. (La petición que queremos hacer se puede decir al principio o al final del Benedictus.)

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus Santos Profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia en su presencia todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”.

 

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