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Oraciones por los difuntos

Las oraciones por los difuntos son aquellas que se ofrecen a Dios, la Virgen o los santos, con el fin de rogar porque las almas de los que ya fallecieron sean liberadas y purificadas de todo pecado cometido en vida. Se le pide a Dios que olvide los actos maliciosos o equivocados que nuestros seres queridos hayan podido cometer, y que les permita la entrada a su gloria. Junto con la petición, se ofrece alguna misa, una acción piadosa o alguna manda.

Las oraciones, devociones, misas, novenarios, etc., que se ofrecen para pedir por los seres que se han ido, pueden dividirse en diversos tipos; por ejemplo: oraciones para los adultos difuntos, oraciones para los infantes difuntos y oraciones por las ánimas del purgatorio. Éstas últimas son las que se dedican para que Dios permita la entrada al cielo a aquellas almas de los difuntos que se fueron sin poder arrepentirse por completo de sus pecados o que no quedaron en paz con Dios.

En la religión católica, el purgatorio es el espacio entre el cielo y el infierno; y la estancia en él depende de si el difunto quedó o no en paz mientras estaba en la tierra, de no ser así su alma irá al purgatorio. Estas oraciones son más poderosas durante la Consagración de la Misa, en época de Navidad, durante las fiestas de Nuestro Señor y en la de los Grandes Santos.

15 Ejemplos de oraciones por los difuntos: 

Oraciones por los adultos difuntos (5 ejemplos):

Las oraciones por los difuntos son las oraciones que nos ayudan a pedir por las personas que han fallecido y por las que han dejado en este mundo.

1 “Yo soy la resurrección y la vida –dice el Señor–; quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí no morirá eternamente. (cfr. Juan 11, 25-26)
Lleguen en su exilio, Santos de Dios; salid a su encuentro, Ángeles del Señor.
Recibid su alma, y presentadla ante el Altísimo.
Cristo que te llamó, te reciba y los Ángeles te conduzcan al regazo de Abraham.
Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.
Concédele, Señor, el descanso eterno y brille para él (ella) la luz eterna.
Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad, Señor, ten piedad.
Padre nuestro…
Libra, Señor, su alma.
De las penas del infierno.
Descanse en paz.
Amén.
Señor, escucha nuestra oración.
Y llegue a ti nuestro clamor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Oremos: Oh Dios, que concedes el perdón y quieres la salvación de los hombres: te rogamos que, por la intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los Santos, concedas la bienaventuranza de tu hijo (hija), a quien llamaste de este mundo. No le (la) abandones en manos del enemigo, ni te olvides de él (ella) para siempre; sino recíbelo (la) con tus santos Ángeles en el Cielo, su patria definitiva. Y porque creyó y esperó en ti, concédele para siempre las alegrías del Cielo.

Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
Y brille para él (ella) la luz eterna.
Descanse en paz. Amén”.

2. “Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a)… (incluir el nombre del difunto) y te suplicamos, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de piedad, ya que por ella bajaste misericordiosamente de el magno cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Haz que su alma se encuentre repleta de tu presencia y perdona sus pecados pasados, sus excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo. Amén”.

3. Oración por nuestros queridos seres.

Dios, te los llevaste, ahora están a tu lado, viven junto a ti felizmente.

Tú nunca los perdiste al darlos a nosotros, y nosotros tampoco los perdemos cuando regresan a ti.

Oh Amante de Almas, tú no das como el mundo da. Tu que no quitas lo que has dado, todo lo que es tuyo también es nuestro y tú eres nuestro.

Así pues, la vida es eterna, el amor es inmortal; la muerte no es más que horizonte, y el horizonte no más que límite de nuestra visión.

Hijo de Dios, permite que miremos con luz más clara; acércanos a ti para sentirnos calmados y felices al vernos cerca de ti y de nuestros queridos seres que están contigo.

Y mientras preparas un lugar para nosotros, prepáranos a nosotros también para esa tierra feliz, por que donde estés, estemos nosotros también. Amén”.

4 “Jesús, eres el único consuelo en las horas más tristes y amargas del dolor por una pérdida.

Eres único sostén en el vacío que la muerte causa entre aquellos que nos quedamos, esperamos y lloramos.

Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos.

Tú, oh Jesús y Salvador de tantas y tantas almas, tú te compadeces del luto nuestro, escuchas nuestro llanto y nos das tu consuelo.

Las lágrimas derramadas por la pérdida de… (incluir el nombre del difunto) son en tributo por su alma, su vida, su bondad y todo el amor que nos dio.

Se fue por un tiempo nuestro amado ser y te pido que lo tengas en tu Gloria Santa, que le hagas entender lo que haya que entender, que le perdones lo que haya hecho antes y que nos cuide desde tu Paraíso. Amén”.

5. Oración por la paz de los difuntos.

“Aquellos que se fueron al lugar de la dicha encontrarán el descanso anhelado y la felicidad tan buscada en vida. Solo en el paraíso que nuestro Padre ha preparado para nosotros, podrán disfrutar en abundancia.

Aquellos que se han adelantado a la morada de Jesús, podrán conocer el mayor amor que existe y serán uno con el amor.

Aquellos que han regresado a la casa del Señor, verán la luz de tan cerca que serán luz para los que esperamos aquí en la tierra”. 

Oraciones para los niños fallecidos (4 ejemplos): 

  1. Oración a San Gabriel.

“Gabriel, Santo Ángel de la Muerte al Mundo y de la Vida a la Luz, te entrego a (incluir el nombre de la persona) que ha muerto. Tómalo(a) entre tus brazos y cúbrelo(a) con tus brillantes alas, libera su alma y condúcelo a través de las aguas en calma hacia la Luz. Bendito Ángel, borra de su memoria nuestras lágrimas y permite que nuestro amor por él (ella) siempre lo acompañen”.

  1. Oración a San Judas Tadeo.

San Judas Tadeo, Apóstol y fiel compañero de nuestro Señor Jesucristo.

Tú que presenciaste la muerte de nuestro Señor y compartiste con María Santísima y los Apóstoles el dolor y la soledad que embarga los corazones al ausentarse un ser tan querido, atiéndeme en este momento de tribulación.

Bríndame la tranquilidad necesaria para superar este momento de tristeza y desolación, dame fuerzas para que mis oraciones y mis ruegos lleguen a Dios en favor de… (Incluir el nombre).

Sálvame de la tristeza y guíame en este mundo a fin de seguir adelante, sin descuidar a mi familia, ni a mí mismo.

Guía, Santo Apóstol a… (Repetir el nombre del difunto) al encuentro con nuestro Padre Celestial. Aboga por él con tus oraciones e intercede a fin de que descanse en paz aquí en la tierra y de Dios goce en el cielo. Amén”.

  1. “El pequeño ángel que se ha ido de prisa, está a tu lado y nos espera en tu Corazón.

Estaremos juntos al lado tuyo, en ti, en tu Gloria, Señor.

El pequeño querubín que se ha adelantado se llama… (incluir el nombre) y desde el cielo ha colocado en una nube, el bello nombre con el que lo aceptaste en su bautizo.

Lo has recibido a tu lado, lo amaste desde que le otorgaste el don de la vida.

Él (ella) nos enseñó mucho aunque su camino en la tierra haya sido breve, nunca fue débil pues confió siempre en ti, Señor.

Fue llevado a tu Santa Morada, y desde ahí nos ilumina con su luz.

Desde el cielo escuchamos su canto cual bello ángel, desde allá nos mira, nos protege y nos muestra el camino del amor.

Tenlo en tu Gloria, oh Padre, y que entre tus brazos sienta toda la paz que merece.

Y que nosotros lo sigamos sintiendo en todos los atardeceres, en la brisa, la mañana tibia y la noche fresca llena de ilusión.

Que lo sintamos en todo a nuestro alrededor pues será ya uno solo contigo para siempre, Señor”.

  1. Sueño y paz para el niño siempre amado.

“Virgen Santísima, Madre Clemente y doliente, Santa Inmaculada,

Tú que fuiste madre, tú que entre tus brazos cobijaste y amaste al Salvador

Dejo en tus manos el alma del hijo (a) amado que ha partido hacia tu hermoso país lleno de vida.

Acepto con nostalgia el designio del Señor, a pesar de la herida profunda y el vacío entre mis brazos acepto todo lo que Dios quiere que pase.

Sé que mi pequeño (a) encontró paz y dicha eterna, que él (ella) está en calma y rodeado de luz. Pero si lo notas triste algún día, Madre, dile que me espere, que pronto estaremos juntos de nuevo entre tu Gloria.

Madre, mi criatura adorada ha partido contigo y te pido lo arropes con tu cálido amor, y a mí, oh Madre Santa, dame tranquilidad y fortaleza. Nadie mejor que tú para mostrarme el camino de la valentía a pesar del dolor que una madre puede sentir al perder un hijo.

Gracias Virgen mía. Gracias Padre amado por entregarme en su momento a ese hijo en mi vientre para darle amor. Amén”.

Oraciones para las ánimas del purgatorio (6 ejemplos): 

  1. Oración por el descanso eterno. (se sugiere decir esta oración primero y después continuar con las demás)

“Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concede a aquellos que tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor.

Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén”.

  1. (Es recomendable repetir el credo cinco veces).

“Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un sólo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén”.

  1. La Salve. (Es recomendable repetir esta oración una vez).

“Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. 
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. 
Señora Abogada nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén”.

  1. El Ave María. (Se sugiere repetirla una vez).

“Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén”.

  1. Gloria al Padre. (Repetirla una vez)

“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén”.

  1. Réquiem. (Se recomienda repetirlo una vez)

Dales el descanso eterno y que la luz perpetua brille sobre ellos. Que descansen en paz. Amén.

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