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Oraciones bonitas

Las oraciones bonitas pueden ser todas aquellas dedicadas a Dios, sin embargo, se considera que las más bellas oraciones son las que tienen un significado y un origen especiales debido a que fueron las primeras, las más milagrosas o las más importantes; por ejemplo, el Padre Nuestro fue dictada por Jesús a los Apóstoles para que supieran cómo podían rezarle a Dios, o La Magnifica, la cual fue dicha por el Espíritu Santo a la Virgen María. Estas son consideradas como oraciones bonitas y básicas que todo creyente debe conocer y decir a Dios, pues éstas sirven para cualquier ocasión. 

Las diversas oraciones bonitas pueden cortas o extensas, esto depende de quién la diga, el uso y la petición. Entonces, podemos encontrar muchos tipos de oraciones bonitas que tienen una finalidad específica y que pueden complementarse con las oraciones o rezos básicos. 

Por otra parte, aquellas oraciones que son para niños, suelen ser más breves y con un vocabulario adaptado de acuerdo a su edad. Además, son muy importantes pues representan un ejercicio de preparación para que los pequeños conozcan las diversas maneras de acercarse a Dios, de hablar con él.

15 Ejemplos de oraciones bonitas: 

Oraciones bonitas para niños y niñas (4 ejemplos):

  1. “Dios, te dedico a ti y a mis padres cada uno de mis logros
    Cada vez que un profesor reconoce mi esfuerzo y mi voluntad.
    Cada vez que sonrío porque entendí todas mis lecciones.
    Cada vez que hago bien mis tareas.
    Cada una de esas veces te siento más cerca de mí y te doy gracias.
    Mis logros serán siempre tuyos y gracias a ti.
    Por eso, Dios bendito, sigue en mi vida y guíame en cada paso.
    Bendito sea el camino por el cual me conduces.
    Amén”.
  1. Oración para la noche.
    En las cuatro puntas de mi cama están cuatro guardianes que son dos ángeles a mis pies y dos en la cabecera y frente de mí la santísima virgen María que ruega para que duerma y pueda reposar sin que le tenga miedo a nada, pues me ayudará de día y de noche, siempre que rece un Ave maría. Amen”.
    Oración a Jesús.

    “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
    Eres aquel humilde niño que llegó al hogar de María y José. Eres quien iluminó su vida. Ellos fueron tu resguardo y tú su esperanza.
    Jesús que eres la sal de la vida, eres perdón, amor, enseñanza.
    Fraternidad y amistad sin condiciones, eres solo amor eterno.
    Oh Jesús, amigo mío. Te quiero porque Tú siempre me escuchas y me proteges entre tus manos.
    Te pido Señor, que escuches todas mis oraciones siempre. Amén”.
  1. Oración para agradecer por los alimentos y bendecir la mesa.
    “Señor de los cielos, amado Padre y Rey Creador.
    Te damos gracias por estos sagrados alimentos.
    Gracias por permitir a todos mis familiares estén aquí para que juntos podamos compartir los ricos frutos de tu creación.
    Bendito seas, Señor. Amén”. 

Oraciones bonitas para pedir por la salud de un enfermo (2 ejemplos): 

Son las oraciones que dedicamos a dios y que son consideradas las más bellas por ser las primeras y por ser más milagrosas.

  1. “Señor, Médico divino del alma y del cuerpo, gracias por el don inestimable de la Eucaristía, pan de vida y medicina de inmortalidad. Frente a ti está una persona bien amada tuya que se encuentra enferma y cansada de las dolencias y los males que le aquejan.

    Pero sabe que cualquier sufrimiento es poco comparado con el que sufriste en la cruz. Por eso, por el dolor de tus Santas llagas me atrevo a pedirte que le libres ya del sufrimiento.

    Tú, Señor que siempre estás con nosotros en medio del dolor, la angustia y el miedo, puedes darle alivio. Eso te pido humildemente.

    No se haga mi voluntad sino la tuya.

    Tú que dijiste: ‘Estuve enfermo y me vinisteis a ver’, permite pues que en el rostro de mi enfermo puedan todos ver tu misericordia y el amor infinito e incomparable. En ti confío. Amén”.
  1. Oración al corazón de Jesús.

    “Mi dulce Señor, tú que dijisteis: ‘Yo soy la resurrección y la vida”, tú que traes y llevas nuestras enfermedades, tú que sanas todo tipo de heridas; te pedimos que tu divino corazón sea en beneficio de los enfermos, quienes te suplican y ruegan que los ayudes,

    Por intercesión de la Virgen Santísima Madre, la Señora de los Ángeles, te imploramos que tú sanes y alivies los dolores de las enfermedades que padece tu fiel creyente… (Decir el nombre del enfermo).

    Te ofrecemos esta oración en este momento de tristeza y nos ponemos a tus pies como siervos de tu palabra.
    Confiamos en el calor de tu corazón que será cobijo de los necesitados pues recibirán valentía y sosiego para librar a su espíritu de sus males.
    Bendito sea tu corazón, Jesús mi salvador. Amén”. 

Oraciones bonitas básicas (9 ejemplos): 

  1. El Padre Nuestro.
    “Padre nuestro que estás en el cielo.
    Santificado sea Tu nombre. Venga a nosotros Tu reino.
    Hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
    Danos el pan nuestro y perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
    No nos dejes caer en la tentación y de todo mal. Amén”.
  1. La Magnífica.
    “Oh señor, glorifica mi espíritu y mi alma se llena de gozo, al recibir la bondad de mi salvador Dios.
    Has puesto tus ojos en esta pequeña sierva tuya, siendo el motivo por el que soy dichosa, feliz así como todas las generaciones.
    Ha hecho maravillosas y grandes beneficios a mi favor, el que es Todopoderoso y su nombre infinitamente Santo.
    Tu inmensa misericordia se encuentra y extiende de en todas las generaciones y a cuantos le temen y respetan.
    Extendió el brazo de su poder, y disipó el orgullo de los soberbios, trastornando sus designios.
    Humilló a los poderosos y elevo a los humildes.
    A los necesitados los llenó de bienes, y a los ricos dejó sin cosa alguna.
    Exaltó a Israel su siervo, acordándose de él por su gran misericordia y bondad.
    Así  como prometió a nuestro padre Abraham, y a toda su descendencia, por los siglos de los siglos. Así sea. Amén”.
    (Se puede incluir una o más peticiones al final de la oración).
  1. Credo de los Apóstoles.
    “Creo en ti Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
    Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
    Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos; el perdón de los pecados; la resurrección de los muertos; y la vida eterna. Amén”.
  1. Oración al Espíritu Santo.

    “Me debo a ti, Espíritu, esencia y naturaleza de Dios, del único al cual alabo y adoro.
    En mi ánimo está ofrecerte mi vida, consagrar a ti cada uno de mis pensamientos para encontrar la paz que mi ser ansia.
    No antepongo ni mi orgullo ni ningún otro obstáculo entre el divino Espíritu y mi alma.
    Las puertas de mi corazón están abiertas para recibirte. Quiero sentir en mi ser tu naturaleza de Dios.
    Sabes todo de mí, aun así yo deseo que habites en la profundidad de lo que soy y jamás me dejes sin ti. El Padre es mi único anhelo, es mi dicha, mi primera y última razón de ser.
    Te pido, entonces, divino, que alejes aquello que en mi debilidad humana me tiene vencido, herido.
    Habítame Espíritu glorioso, ilumina mi sendero para siempre.
    En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.
  1. Oración Alma de Cristo.
    “Alma de Cristo, santifícame.
    Cuerpo de Cristo, sálvame.
    Sangre de Cristo, embriágame.
    Agua del costado de Cristo, lávame.
    Pasión de Cristo, confórtame.
    ¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
    Dentro de tus llagas, escóndeme.
    No permitas que me aparte de Ti.
    Del maligno enemigo, defiéndeme.
    En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti.
    Para que con tus santos te alabe.
    Por los siglos de los siglos. Amén”.
  1. “Señor, haced de mí un instrumento de vuestra paz. Que allí donde haya odio, ponga yo amor. Que allí donde haya ofensa, ponga yo perdón. Que allí donde haya discordia, ponga yo armonía. Que ahí donde haya errores y equivocaciones yo ponga la verdad cierta. Que allí donde haya duda, ponga yo la fe. Que allí donde haya desesperación, ponga yo esperanza. Que allí donde haya tinieblas, ponga yo la luz. Que allí donde haya tristeza, ponga yo alegría.

    Oh Dios y maestro, que yo no me empeñe tanto en ser consolado así como  en consolar; no me he empeñado en ser comprendido y tampoco en comprender; en ser amado, como en amar; pues dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se es perdonado, muriendo se resucita a la vida eterna”.
  1. Oración Salve Reina (Salve Regina).
    “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida y dulzura y esperanza nuestra: Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
    Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
    ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María!
    Ruega por nosotros santa Madre de Dios.
    Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén”.
  1. El Angelus.

    (Se sugiere orar tres veces al día)
    “El Ángel del Señor anunció a María.
    Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
    Dios te salve, María. Llena eres de gracia: El Señor es contigo.
    Bendita tú eres entre todas las mujeres. Y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
    He aquí la sierva del Señor.
    Hágase en mí según tu palabra.
    Dios te salve, María. Llena eres de gracia: El Señor es contigo.
    Bendita tú eres entre todas las mujeres. Y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
    Y el Verbo se hizo carne.
    Y habitó entre nosotros.
    Dios te salve, María. Llena eres de gracia: El Señor es contigo.
    Bendita tú eres entre todas las mujeres. Y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
    Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
    Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
    Oremos: Derrama Señor tu gracia sobre nuestros corazones y concede a quienes hemos conocido por el anuncio del Ángel la Encarnación de tu Hijo, que por su Pasión y su Cruz alcancemos la gloria de la Resurrección. Por el Señor Jesús, tu Hijo, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén”.
  1. Oración a la Santísima Trinidad.
    “Rendido a tus pies te doy gracias, oh Santísima Trinidad, por no haber desencadenado tu ira contra mí, siervo tuyo, pecador e indolente.
    Doy gracias en mérito de tu bondad e infinita paciencia y por no haberme hecho perecer junto a mis iniquidades, sino que usando de tu habitual misericordia me hayas levantado de mi letargo para que pueda desde el alba glorificar tu grandeza.
    Y ahora Señor, ilumina mi entendimiento, abre mis labios para instruirme con tus sagradas palabras, para comprender tus mandamientos, para hacer tu voluntad y alabarte confesándote en mi corazón y glorificar tu Santísimo Nombre.
    Padre, Hijo, y Espíritu Santo, ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén”.

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