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Oraciones al Espíritu Santo

Las oraciones al Espíritu Santo son ejercicios de invocación, consagración y celebración dedicadas al único abogado y defensor: la naturaleza de Dios. El Espíritu Santo es la representación de la personalidad, naturaleza y esencia trinitaria, es pues, Dios. Al orar en el nombre del Espíritu también se está orando en nombre de Dios Padre de Dios Hijo y de Dios Espíritu Santo, porque los tres son uno mismo. 

En este tipo de oración dedicada al Espíritu, también se encuentran los elementos fundamentales de toda oración basada en la fe cristiana o católica romana: la alabanza, la confesión, el arrepentimiento, y la acción de gracia

Orarle al Espíritu Santo es adorar a Dios de manera espiritual y verdadera. Dedicar una oración en su nombre representa también un acto de súplica y petición, de pregunta y respuesta; es decir, al orar al Espíritu de Dios estamos entablando el más puro y hermoso diálogo entre nosotros y el Creador. Además, este ejercicio nos permite ofrecerle nuestros actos y nuestras vidas por entero.

La novena al Espíritu Santo, por ejemplo, es uno de los rezos más hermosos y poderosos para adorar a Dios. Ésta consiste en rezar y orar durante nueve días consecutivos en el nombre del Espíritu divino, dedicándole además nuestros pensamientos, reflexiones y peticiones personales.

15 Ejemplos de oraciones al Espíritu Santo: 

Las oraciones al espíritu santo son ruegos que hacen las personas a esta divinidad para solicitar ayuda.

Novena al Espíritu Santo (10 Ejemplos):

  1. Acto de Consagración al Espíritu Santo.

    “Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración y sumisión completa, perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

    Yo sigo sin oponerme a sus divinas intenciones y quiero ser siempre fiel a sus santas inspiraciones.

    ¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

    Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén”.
  1. Oración del Primer día.

    “Omnipotente y eterno Dios, que has condescendido para regenerarnos con el agua y el Espíritu Santo, y nos has dado el perdón de todos los pecados, permite enviar del cielo sobre nosotros los siete dones de tu Espíritu, el Espíritu de Sabiduría y de Entendimiento, el Espíritu de Consejo y de Fortaleza, el Espíritu de Conocimiento y de Piedad, y llénanos con el Espíritu del Santo Temor. Amén.

    (Rezar un Padrenuestro y Avemaría, siete veces Gloria. Un Acto de Consagración y una Oración por los siete dones)”.
  1. Oración del Segundo día.

    “Ven, Oh bendito Espíritu de Santo Temor, penetra en lo más íntimo de mi corazón, que te tenga, mi Señor y Dios, ante mi rostro para siempre, ayúdame a huir de todas las cosas que te puedan ofender y hazme merecedor ante los ojos puros de tu Divina Majestad en el Cielo, donde Tú vives y reinas en unidad de la siempre Bendita Trinidad, Dios en el mundo que no tiene fin. Amén.

    (Rezar un Padrenuestro y Avemaría, siete veces Gloria. Un Acto de Consagración y una Oración por los siete dones)”.
  1. Oración del Tercer día.

    “Venid aquí oh perfecto y bendito Espíritu, toma mi alma y mi corazón.
    Enciende dentro mío tal amor por Dios que encuentre satisfacción sólo en su servicio, y por amor a Él me someta amorosamente a toda legítima autoridad. Amén.

    (Rezar un Padrenuestro y Avemaría, siete veces Gloria. Un Acto de Consagración y una Oración por los siete dones)”.
  1. Oración del Cuarto día.

    “Ven, Oh Espíritu de Fortaleza, alza mi alma en tiempo de turbación y adversidad, sostiene mis esfuerzos de santidad, fortalece mi debilidad, dame valor contra todos los asaltos de quienes me agreden que no me vean mal y jamás ame separen de ti, magnánimo Dios, pues eres el máximo bien. Amén.

    (Rezar un Padrenuestro y Avemaría, siete veces Gloria. Un Acto de Consagración y una Oración por los siete dones)”.
  1. Oración del Quinto día.

    “Ven, Oh Bendito Espíritu de Conocimiento, y concédeme que pueda percibir la voluntad del Padre; muéstrame la nulidad de las cosas de la tierra, que tenga idea de su vanidad y las use sólo para tu gloria y mi propia salvación, siempre por encima de ellas mirándote a Ti y tus premios eternos. Amén.

    (Rezar un Padrenuestro y Avemaría, siete veces Gloria. Un Acto de Consagración y una Oración por los siete dones)”.
  1. Oración del Sexto día.

    “Ven, Oh Espíritu de Entendimiento, e ilumina nuestras mentes, que podamos conocer y creer en todos los misterios de la salvación, y que por fin podamos merecer ver la eterna luz en la Luz, y en la luz de la gloria tener una clara visión de Ti y del Padre y del Hijo. Amén.

    (Rezar un Padrenuestro y Avemaría, siete veces Gloria. Un Acto de Consagración y una Oración por los siete dones)”.
  1. Oración del Séptimo día.

    “Ven, Oh Espíritu de Consejo, ayúdame y guíame en todos mis caminos para que siempre haga tu Santa Voluntad. Inclina mi corazón a aquello que es bueno, apártame de todo lo que es malo y dirígeme por el sendero recto de tus Mandamientos a la meta de la vida eterna que yo anhelo. Amén.
    (Rezar un Padrenuestro y Avemaría, siete veces Gloria. Un Acto de Consagración y una Oración por los siete dones)”.
  1. Oración del Octavo día.

    “Ven, Oh Espíritu de Sabiduría y revela a mi alma los misterios de las cosas celestiales, su enorme grandeza, poder y belleza. Enséñame a amarlas sobre todo y por encima de todos los gozos pasajeros y las satisfacciones de la tierra. Ayúdame a conseguirlas y a poseerlas para siempre. Amén.

    (Rezar un Padrenuestro y Avemaría, siete veces Gloria. Un Acto de Consagración y una Oración por los siete dones)”.
  1. Oración del Noveno día.

    “Ven, Oh Divino Espíritu, llena mi corazón con tus frutos celestiales: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Que nunca esté yo cansado en el servicio de Dios sino que, por continua y fiel sumisión a tu inspiración, merezca estar eternamente unido. Amén”. 

Oraciones variadas al Espíritu Santo (5 ejemplos): 

  1. Oración Ven Espíritu Divino (Pentecostés)

    “Ven aquí espíritu divino y trae desde el cielo tu divina luz.

    Amoroso padre que tienes el don en tus dones y eres espléndido, eres la luz que penetra nuestras almas, fuente de amor y del mayor consuelo.

    Ven aquí, pues eres un digno huésped de almas, eres el descanso después de nuestro esfuerzo y la tregua en el duro trabajo, eres una suave brisa en las horas de fuego, duce gozo que enjuga nuestras lágrimas y nos reconforta en los duelos.

    Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Observa el horrible vacío del ser humano, pues si tú le faltas por dentro quedará indefenso, mira el poder que tiene el pecado que agrede cuando no nos das tu suave aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

    Por favor, repártenos tus siete dones, todos según la fe de tus siervos; por tu infinita bondad y magnifica gracia, dale al noble esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amen.”
  1. Oración al Espíritu de Amor y de Paz compuesta por Juan Pablo II.

    “(Oh gran Espíritu Santo, que eres un dulce huésped del alma, por favor muéstranos el sentido profundo del gran jubileo y ayúdanos a preparar nuestro espíritu para celebrarlo con fe, en la esperanza que no defrauda, en la caridad que no espera recompensa)

    Espíritu de verdad, que conoces las profundidades de Dios, memoria y profecía de la Iglesia, dirige la humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret el Señor de la gloria, el Salvador del mundo, la culminación de la historia.

    ¡Ven, Espíritu de amor y de paz!

    Santo espíritu creador, que eres un misterioso artífice del Reino de Dios, guía la Iglesia con el espíritu y bondad de tus santos dones para pasar con valentía el umbral del nuevo milenio y llevar así a las generaciones que vienen a la luz de la Palabra que nos salva.

    Espíritu de santidad, aliento divino que mueve el universo, ven y renueva la faz de la tierra. Suscita en los cristianos el deseo de la plena unidad, para ser verdaderamente en el mundo signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano.

    ¡Ven, Espíritu de amor y de paz!

    Espíritu de comunión, alma y sostén de la Iglesia, haz que la riqueza de los carismas y ministerios contribuya a la unidad del Cuerpo de Cristo, y que los laicos, los consagrados y los ministros ordenados colaboren juntos en la edificación del único reino de Dios.

    Santo y sabio espíritu de consuelo, que eres una fuente inagotable de belleza, gozo y de paz, suscita solidaridad para con los necesitados, da a los enfermos el aliento necesario, infunde confianza y esperanza en los que sufren, acrecienta en todos nosotros el compromiso por un mundo mejor.

    ¡Ven, Espíritu de amor y de paz!

    Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente y el corazón, orienta el camino de la ciencia y de la técnica al servicio de la vida, de la justicia y de la paz. Haz fecundo el diálogo con los miembros de otras religiones, y que las diversas culturas se abran a los valores del Evangelio.

    Espíritu de vida, por el cual el Verbo se hizo carne en el seno de la Virgen, mujer del silencio y de la escucha, haznos dóciles a las muestras de tu amor y siempre dispuestos a acoger los signos de los tiempos que tú pones en el curso de la historia.

    ¡Ven, Espíritu de amor y de paz!

    A ti, Espíritu de amor, junto con el Padre Omnipotente y el Hijo Unigénito, alabanza, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”.
  1. “Me debo a ti, Espíritu, esencia y naturaleza de Dios, del único al cual alabo y adoro.

    En mi ánimo está ofrecerte mi vida, consagrar a ti cada uno de mis pensamientos para encontrar la paz que mi ser ansia.

    No antepongo ni mi orgullo ni ningún otro obstáculo entre el divino Espíritu y mi alma.

    Las puertas de mi corazón están abiertas para recibirte. Quiero sentir en mi ser tu naturaleza de Dios.

    Sabes todo de mí, aun así yo deseo que habites en la profundidad de lo que soy y jamás me dejes sin ti. El Padre es mi único anhelo, es mi dicha, mi primera y última razón de ser.

    Te pido, entonces, divino, que alejes aquello que en mi debilidad humana me tiene vencido, herido.

    Habítame Espíritu glorioso, ilumina mi sendero para siempre.

    En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.
  1. Oración litúrgica al Espíritu Divino.

    “Espíritu Santo, perfecciona la obra que Jesús comenzó en mí. Apura para mí el tiempo de una vida llena de tu Espíritu. Mortifica en mí la presunción natural. Quiero ser sencillo, lleno de amor de Dios y constantemente generoso.

    Que ninguna fuerza humana me impida hacer honor a mi vocación cristiana.

    Que ningún interés, por descuido mío, vaya contra la justicia. Que ningún egoísmo reduzca en mí los espacios infinitos del amor. Todo sea grande en mí. También el culto a la verdad y la prontitud en mi deber hasta la muerte. Que la efusión de tu Espíritu de amor venga sobre mí, sobre la Iglesia y sobre el mundo entero. Amén”.
  1. Oración hermosa al Espíritu Santo.

    “Te rogamos que vengas, perfectísimo Espíritu Santo, por favor atiéndenos, Espíritu del Padre, confórtanos y vivifícanos, Espíritu del Hijo, sálvanos.

    Oh Amor eterno, llénanos. Con tu fuego, inflámanos. Con tu luz, ilumínanos.

    Fuente viva, sácianos. De nuestros pecados, lávanos.

    Por tu unción, fortalécenos. Por tu consuelo, confórtanos. Por tu gracia, guíanos. Por tus ángeles, protégenos.

    No permitas jamás que nos separemos de ti, Dios Espíritu Santo, escúchanos. Con el dedo de tu gracia, tócanos.

    Vierte en nosotros el torrente de la virtud. Fortalécenos con tus dones, y con tus frutos, refrigéranos. Líbranos del maligno enemigo. En la última batalla, úngenos, a la hora de la muerte, defiéndenos.

    Entonces llámanos hacia ti, para que con todos los santos alabemos al Padre, al Hijo y a ti, Consolador piadoso y eterno. Amén”.

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