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Fábulas

Las fábulas son composiciones, relatos o escritos literarios tradicionales y generacionales que tienen un carácter alegórico. El origen de la fábula no es exacto, sin embargo, se sabe que existen desde épocas muy antiguas, y que proceden de la India y Grecia

Uno de los creadores de fábulas más importante fue Esopo, escritor y pensador griego. La fábula es un texto literario que trata de varias vivencias o situaciones que les ocurren a animales, humanos y objetos. 

Las fábulas son uno de los subtipos del género narrativo. Recordemos que la literatura se divide en tres grandes géneros: el lírico, el narrativo y el dramático. Entonces, la fábula es un tipo de narración al igual que la epopeya, la leyenda, el mito, etc.

Características de la fabula: 

  • Dan una moraleja. Su objetivo principal es dar una enseñanza moral y muy útil para la vida. La fábula está escrita de manera sencilla y clara para lograr que se entienda el consejo o enseñanza que pretende dar. 
  • Es una narración breve. Ya que su objetivo es la enseñanza o moraleja, la fábula debe ser corta o breve, es decir, de una cuartilla o menos. 
  • Puede estar escrita en prosa o verso. En su mayoría están escritas en verso, sin embargo, las más actuales están construidas en prosa. 
  • Los personajes son humanos, animales y objetos. La fábula logra su objetivo al personificar objetos y animales, es decir, se les dan características humanas para que así se comprenda mejor el mensaje. 
  • Son escritos moralizantes. Desde la antigüedad se utilizaban como escritos de alta moralidad que dejaban una enseñanza para toda la humanidad. 
  • Se propagaban de generación en generación. Todo un pueblo o civilización llegaba a conocer las moralejas de la época.

Elementos y estructura de la fábula: 

  • La alegoría. Se trata de la representación simbólica de un tema o algo en particular, en el caso de la fábula, hay una alegoría porque a partir de seres inanimados o animales se recrea o representa una situación muy humana. 
  • La moraleja. Es el mensaje principal y final de toda fábula. Se utiliza para educar a la gente, en especial a los niños en cuanto a la moral religiosa y cultural de una sociedad. 
  • La prosopopeya. Es una figura o recurso retórico literario que sirve para dotar de características o cualidades humanas a los animales.

10 Ejemplos de fábulas: 

Las fábulas son composiciones, relatos o escritos literarios tradicionales y generacionales que tienen un carácter alegórico.

1. Fábula de los pájaros y los monos necios:

“En la orilla del río Narmada, al pie de un monte, hay un gran zalmali. En el hueco de un nido que en este árbol habían construido unos pájaros, pasaban éstos felizmente la estación de las lluvias.

Un día se cubrió el cielo de grandes nubes negras y espesas y, en fuertes chaparrones, cayó una gran lluvia. En aquellos momentos, al pie del árbol había unos monos ateridos frío. Cuando los pájaros los vieron temblando, les dijeron:

  • ¡Ah, pobres monos! Escuchen: nosotros nos hemos fabricado estos nidos con hierbas que acarreamos con el pico solamente. Ustedes tienen manos, pies y otros instrumentos, ¿por qué, entonces, pasan la vida ociosos?

Cuando los monos oyeron esto, se encolerizaron y comenzaron a murmurar:

  • ¡Oh!, malditos pájaros; como están contentos y abrigados en sus nidos, al resguardo de todo mal tiempo, nos insultan. Pero esto ha de durar poco. En cuanto cese la lluvia les daremos su merecido.

En efecto, cuando paró de llover, los monos subieron al árbol, destrozaron los nidos y tiraron al suelo los huevos de los pájaros.

Moraleja: solo al sabio se le deben dar consejos, pero nunca al necio. Un trago de leche a una serpiente no hace más que aumentar su veneno”.

2. El águila, la liebre y el escarabajo:

“Estaba una liebre siendo perseguida por un águila, y viéndose perdida pidió ayuda a un escarabajo.

Le pidió el escarabajo al águila que perdonara a su amiga, pero el águila, despreciando la insignificancia del escarabajo, devoró a la liebre en su presencia.

Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares donde el águila ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba a tierra. Viéndose el águila echada del lugar a donde quiera que fuera, recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus huevos.

Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el escarabajo, viendo la táctica escapatoria, hizo una bolita de estiércol, voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus.

Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por eso desde entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar los escarabajos.

Moraleja: nunca desprecies lo que parece insignificante, pues no hay ser tan débil que pueda alcanzarte”. 

3. El león, Prometeo y el elefante:

“No dejaba un león de quejarse ante Prometeo diciéndole:

 –Tú me hiciste fuerte y hermoso, dotado de mandíbulas con buenos colmillos y poderosas garras en las patas, y soy el más dominante de los animales. Sin embargo le tengo un gran temor al gallo.

– ¿Por qué me acusas tan a la ligera? ¿No estás satisfecho con todas las ventajas físicas que te he dado? Lo que flaquea es tu espíritu. Replicó Prometeo.

Siguió el león deplorando su situación, juzgándose de pusilánime. Decidió entonces poner fin a su vida.

Se encontraba en esta situación cuando llegó el elefante, se saludaron y comenzaron a charlar. Observó el león que el elefante movía constantemente sus orejas, por lo que le preguntó la causa.

–¿Ves ese minúsculo insecto que zumba a mi alrededor? Respondió el elefante, pues si logra ingresar dentro de mi oído, estoy perdido.

Entonces se dijo el león: ¿No sería insensato dejarme morir, siendo yo mucho más fuerte y poderoso que el elefante, así como mucho más fuerte y poderoso es el gallo con el mosquito?

Moraleja: muchas veces, las pequeñas molestias nos hacen olvidar las grandezas que poseemos”. 

 

4. La cigarra y la hormiga:

“Cantando la Cigarra pasó el verano entero, sin hacer provisiones allá para el invierno; los fríos la obligaron a guardar el silencio y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento.
Viéndose desproveída del preciso sustento: sin mosca, sin gusano, sin trigo y sin centeno. Habitaba la Hormiga, allí tabique en medio, y con mil expresiones de atención y respeto le dijo:

–Doña hormiga, pues que en vuestro granero sobran las provisiones para vuestro alimento, prestad alguna cosa con que viva este invierno esta triste Cigarra, que, alegre en otro tiempo, nunca conoció el daño, nunca supo temerlo. No dudes en prestarme, que fielmente prometo pagaros con ganancias, por el nombre que tengo.
La codiciosa Hormiga respondió con denuedo, ocultando a la espalda las llaves del granero:
–¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso! Dime, pues, holgazana, ¿qué has hecho en el buen tiempo?
–Yo, dijo la Cigarra, a todo pasajero cantaba alegremente, sin cesar ni un momento”
–¡Hala! ¿Con que cantabas cuando yo andaba al remo? Pues ahora, que yo como, baila, pese a tu cuerpo.

5. El lobo y el cordero:

“Miraba un lobo a un cordero que bebía en un arroyo, e imaginó un simple pretexto a fin de devorarlo. Así, aun estando él más arriba en el curso del arroyo, le acusó de enturbiarle el agua, impidiéndole beber. Y el cordero respondió:

–Pero si solo bebo con la punta de los labios, y además estoy más abajo y por eso no te puedo enturbiar el agua que tienes allá arriba.

Viéndose el lobo burlado, insistió:

–El año pasado injuriaste a mis padres.

–¡Pero en ese entonces ni siquiera había nacido yo! Contestó el cordero.

Dijo entonces el lobo:

–Ya veo que te justificas muy bien, mas no por eso te dejaré ir, y siempre serás mi cena.

Moraleja: para quien hacer el mal es su profesión, de nada valen los argumentos para no hacerlo”.

 

6. El pavo real y la grulla:

“Convidada a comer una Grulla por cierto Pavo Real, disputaban de cuál tenía mejores prendas naturales, y abriendo el pavo real su cola, decía que aquel abanico de tan ricas plumas no tenía con qué se le igualara.

–Ciertamente –respondió la grulla–, confieso que eres más hermosa ave que yo, pero si tu plumas son más vistosas que las mías, en cambio no puedes volar, y yo con las mías puedo levantarme y subir hasta las nubes, contemplando debajo de mis pies todas las maravillas del mundo.

Moraleja: nadie debe ser despreciado, porque cada cual tiene sus cualidades y perfecciones particulares”.

 

7. La zorra y el cuervo:

“Quien se alegra de ser alabado con palabras poco sinceras, sufre el castigo de un cruel arrepentimiento.

Al querer el cuervo, encaramado en la copa de un árbol, comerse un queso robado de una venta, viole la zorra y comenzó a hablarle de este modo:

–¡Qué brillo tienen tus plumas, oh cuervo! ¡Cuánta hermosura tu cuerpo y tu rostro! ¡Si tuvieras voz, ningún ave te aventajaría!

El cuervo, neciamente, quiso probar su voz, y dejó caer el queso del pico, que la zorra atrapó rápidamente con sus ávidos dientes.

Solo entonces gimió el cuervo estúpido por haberse dejado engañar.

Moraleja: el valor del ingenio; el saber triunfa siempre sobre la fuerza.

 

8. La liebre y la tortuga:

“En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa y vanidosa, que no cesaba de pregonar que ella era el animal más veloz del bosque, y que se pasaba el día burlándose de la lentitud de la tortuga.

–¡Eh, tortuga, no corras tanto! Decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a la liebre:

–Liebre, ¿vamos hacer una carrera? Estoy segura de poder ganarte.

–¿A mí? Preguntó asombrada la liebre.

–Sí, sí, a ti, dijo la tortuga. Pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy engreída, aceptó la apuesta prontamente.

Así que todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho ha sido el responsable de señalizar los puntos de partida y de llegada. Y así empezó la carrera:

Astuta y muy confiada en sí misma, la liebre salió corriendo, y la tortuga se quedó atrás, tosiendo y envuelta en una nube de polvo. Cuando empezó a andar, la liebre ya se había perdido de vista. Sin importarle la ventaja que tenía la liebre sobre ella, la tortuga seguía su ritmo, sin parar.

La liebre, mientras tanto, confiando en que la tortuga tardaría mucho en alcanzarla, se detuvo a la mitad del camino ante un frondoso y verde árbol, y se puso a descansar antes de terminar la carrera. Allí se quedó dormida, mientras la tortuga seguía caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin detenerse.

No se sabe cuánto tiempo la liebre se quedó dormida, pero cuando ella se despertó, vio con pavor que la tortuga se encontraba a tan solo tres pasos de la meta. En un sobresalto, salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡la tortuga había alcanzado la meta y ganado la carrera!

Ese día la liebre aprendió, en medio de una gran humillación, que no hay que burlarse jamás de los demás. También aprendió que el exceso de confianza y de vanidad, es un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos. Y que nadie, absolutamente nadie, es mejor que nadie.

Moraleja: no hay que burlarse jamás de los demás, y el exceso de confianza puede ser un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos”.

 

9. La gallina de los huevos de oro:

“Érase una gallina que ponía un huevo de oro al dueño cada día. Aun con tanta ganancia, mal contento, quiso el rico avariento descubrir de una vez la mina de oro, y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla; abrióla el vientre de contado; pero después de haberla registrado ¿qué sucedió? Que, muerta la gallina perdió su huevo de oro, y no halló la mina.
Moraleja: ¡Cuántos hay que teniendo lo bastante, enriquecerse quieren al instante, abrazando proyectos a veces de tan rápidos efectos, que solo en pocos meses, cuando se contemplaban ya marqueses, contando sus millones, se vieron en la calle sin calzones!”

 

10. El león y el ratón:

“Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reír y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.
Días atrás le dijo, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.
Moraleja: nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos, pues cuando llegue el momento las cumplirán”.

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Por : Morris

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