Qué es la personificación o prosopopeya

La personificación permite representar objetos, ideas o seres no humanos como personajes. En la definición retórica de prosopopeya del DLE también se incluye atribuir acciones de seres vivos a lo inanimado; en animales, el rasgo atribuido es humano.

No basta con mencionar un animal o una planta. Busca el rasgo concreto: hablar, decidir, sentir orgullo o asumir un oficio. Puede aparecer en poesía, narración, fábulas o expresiones breves; no se limita a canciones infantiles ni toda aparición contiene una moraleja.

Cuatro expresiones breves

Identifica qué ser recibe el rasgo y qué palabra permite reconocerlo.

4 ejemplos

1. La muerte que mira

Caminando por la calle, sentí que la muerte me estaba mirando.

Enunciado del material original, sin autor ni obra acreditados. Revisión editorial de escritura; no se atribuye a una obra concreta.

Qué se personifica: La muerte recibe la capacidad de mirar como si fuera una presencia viva.

Un concepto abstracto se convierte en alguien que observa al narrador. La imagen puede expresar amenaza o cercanía de la muerte; no afirma que exista literalmente un ser que lo esté mirando.

La aclaración original «La muerte sólo es un concepto» se incorpora al análisis. No pertenece a una cita literaria acreditada.

2. Dos utensilios capaces de conversar

El comal le dijo a la olla.

Enunciado del material original, sin autor ni obra acreditados. Revisión editorial de escritura; no se atribuye a una obra concreta.

Qué se personifica: Dijo atribuye habla a un utensilio de cocina y presenta a otro como interlocutor.

La personificación aparece aunque no conozcamos el contenido de lo dicho. Los objetos entran en una relación propia de personajes que conversan.

El original solo aporta este comienzo. No se completa con un refrán o con una letra de canción ni se atribuye a un autor por semejanza con un título conocido.

3. Una musaraña con una práctica humana

La musaraña karateca ataca de nuevo.

Enunciado del material original, sin autor ni obra acreditados. Revisión editorial de escritura; no se atribuye a una obra concreta.

Qué se personifica: Karateca asigna a un animal una práctica aprendida y culturalmente humana.

Atacar no bastaría por sí solo para personificar a un animal. Lo que construye el personaje humanizado es presentarlo como practicante de karate.

Se conserva la frase sin inventar una aventura ni identificarla con una serie o personaje comercial.

4. Gatos con un papel social humano

Los gatos samurái.

Enunciado del material original, sin autor ni obra acreditados. Revisión editorial de escritura; no se atribuye a una obra concreta.

Qué se personifica: Samurái atribuye a los gatos una identidad social y cultural humana.

El grupo nominal basta para sugerir personajes humanizados, aunque no contenga un verbo. No se infiere de él una trama, un autor ni una obra concretos.

Se conserva la expresión breve completa; no se amplía artificialmente para convertirla en un cuento.

Dos relatos completos

Cada relato se conserva como una unidad, con su desarrollo y su desenlace.

2 ejemplos

5. La rosa sonreía al sol

La rosa, orgullosa de su belleza, no quería que nadie se acercara a ella; por eso se cubrió de espinas para que nadie la tocara. Pero, admirada por el sol y su gran resplandor, decidió dejar sus pétalos libres para que el sol los admirara plenamente, recibiendo así sus cálidos rayos. Al pasar unos días, tanto calor la empezó a marchitar, pero finalmente llegaron las nubes, que, oscuras y enojadas, dejaron caer su refrescante lluvia. Al final, la rosa dejó que todos la admiraran, tanto el sol y su calor como la lluvia y su frescura, pero se dio cuenta de que sus espinas ya estaban enraizadas y nadie de abajo la podría admirar plenamente.

Relato completo tal como lo aportaba la fuente, con revisión editorial de escritura. Autor y obra no acreditados; no se atribuye a una fábula clásica.

Qué se personifica: La rosa siente orgullo, decide, desea admiración y comprende algo; las nubes aparecen enojadas.

La sucesión de decisiones convierte a la flor en un personaje. El calor y la lluvia conservan sus efectos naturales dentro del relato, pero el orgullo, la voluntad y el enfado pertenecen a la construcción figurada. El título añade la sonrisa de la rosa.

Se conservan los tres párrafos y el desenlace del original; se ajustan puntuación, gran y concordancia temporal. No se presenta la aparición de espinas como explicación botánica ni se añade una moraleja que el texto no formulaba.

6. El monito y el león

Estando el monito en su árbol, pasó a saludarle la tortuga y le preguntó cortésmente: «¿Qué haces, monito?». Él le respondió tajantemente: «¡Estoy esperando al león para romperle la cara!». Se fue la tortuga y, pasado un rato, llegó la jirafa. Lo saludó y le preguntó: «¿Qué haces, monito?». El mono respondió de igual forma: «Espero al león para darle su merecido». Después de un rato, se acerca la liebre y lo saluda. Después del saludo, le pregunta: «¿Qué haces, monito?». «¡Estoy esperando al león para romperle el hocico!», responde el mono. Finalmente, llegó el león y tranquilamente le preguntó al mono: «¿Qué estás haciendo, monito?». El mono le respondió respetuosa y recatadamente: «Estoy aquí, nada más de hablador».

Relato completo del material original, rotulado allí como fábula. Autoría no acreditada. Diálogos y puntuación revisados; no se atribuye a Esopo ni a otro fabulista.

Qué se personifica: Los animales conversan con cortesía, presumen y modifican su manera de hablar según el interlocutor.

El contraste entre la fanfarronería del mono y su respuesta al león sostiene el desenlace. Hablar, preguntar y cuidar la imagen ante otros son los rasgos humanos más visibles. La fuerza del león funciona dentro de esa escena de personajes.

Se mantienen las cuatro escenas y todas las respuestas, incluidas las amenazas del personaje. Se aclaran los turnos y la puntuación. El original lo llamaba fábula, pero no acreditaba autor ni tradición concreta; la enseñanza sobre presumir es una lectura del desenlace, no una moraleja añadida al relato.

Una canción en cinco estrofas

El estribillo se conserva cada vez que aparece; sus repeticiones no multiplican el número de ejemplos.

1 ejemplo

7. La cucaracha: vestido y oficio humanos

La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar porque le falta, porque no tiene una patita para caminar. Pobre de la cucaracha se queja de corazón por no usar ropa planchada por la escasez del carbón. La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar porque le falta, porque no tiene una patita para caminar. Ya murió la cucaracha ya la llevan a enterrar entre cuatro zopilotes y un ratón de sacristán. La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar porque le falta, porque no tiene una patita para caminar.

La cucaracha, canción tradicional, en una versión de cinco estrofas. Texto cotejado en Lengua española, Manual de apoyo del profesor, p. 51, Uruguay Educa (ANEP). Adaptador no identificado. La atribución tradicional no implica que todas sus adaptaciones o grabaciones sean de dominio público. Consultar versión

Qué se personifica: La cucaracha se preocupa por la ropa planchada y un ratón desempeña el oficio de sacristán.

Caminar o morir son acciones posibles en un animal; no bastan para identificar la personificación. En cambio, vestirse con ropa planchada y representar un oficio humano sitúan a los animales en un mundo de costumbres humanas. La repetición del estribillo organiza una sola canción.

La canción reúne cinco estrofas y veinte versos, con tres apariciones del estribillo. Existen otras versiones de su letra. El manual de ANEP, p. 51, recoge esta variante e indica la última repetición del estribillo mediante una llamada.

Cinco pasajes: voz, apelación y rasgos humanos

Estos fragmentos permiten distinguir personificación, apóstrofe y tradición mitológica. Las versiones y los recortes se indican en cada caso.

5 ejemplos

8. El dolor llega como un visitante

Dolor: ¡qué callado vienes!

Luis G. Urbina, La balada de la vuelta del juglar, verso inicial. Fragmento cotejado en el facsímil de UANL, p. 15; se conserva la puntuación del material original sin la raya inicial. Consultar cotejo

Qué se personifica: El dolor se presenta como alguien que llega en silencio y recibe la palabra.

La llegada y el silencio convierten la experiencia dolorosa en un interlocutor. En el poema, el desarrollo de ese visitante sostiene la personificación. La llamada directa al dolor es también un apóstrofe: ambas figuras pueden coincidir.

Se conserva el verso aportado; no se reproduce ni se presenta como poema completo. El facsímil lleva raya de diálogo inicial, que no figuraba en el original de esta guía.

9. La patria como interlocutora

Suave Patria: permite que te envuelva...

Ramón López Velarde, La suave patria, proemio, fragmento. Cotejado en la reproducción de UNAM, Enseñar y aprender lengua y literatura, núm. 1 (2021), p. 19. Los puntos suspensivos indican la omisión del resto del pasaje. Consultar cotejo

Qué se personifica: La patria recibe una petición como si pudiera escuchar y conceder permiso.

El hablante se dirige a una realidad colectiva y abstracta como a un tú. La petición construye una interlocutora personificada y, a la vez, un apóstrofe. El fragmento no afirma que la patria hable; su papel es el de destinataria capaz de permitir.

Es el comienzo de una estrofa del proemio; los puntos suspensivos indican el recorte del material original, no el final del verso en la edición cotejada. Se conserva ese recorte y se enlaza la versión para leer el contexto.

10. La locura y el corazón reciben órdenes

¡Sal de tu cárcel, locura! ¡Quiebra el ritmo, corazón!

Enrique González Martínez, Canción de locura y llanto, fragmento. Atribución y texto cotejados en la cita del estudio Entre el cisne y el búho, p. 143, nota 31, que remite a Poesías completas, p. 581. Cotejo indirecto; puntuación final del material original conservada. Consultar cotejo

Qué se personifica: La locura aparece como una prisionera capaz de salir; el corazón es tratado como destinatario de una orden.

La primera orden personifica una abstracción mediante la imagen de una cárcel. En la segunda, corazón puede representar el mundo afectivo del hablante y recibe la capacidad figurada de obedecer. El ritmo admite una lectura corporal y expresiva: latir, por sí solo, no sería personificación. Las dos llamadas forman un único pasaje.

Se recupera la disposición en dos versos. La cita del estudio consultado termina corazón...!, mientras el original de la guía no incluía esos puntos suspensivos. Se conserva su puntuación, documentando la variante. No se afirma haber cotejado una edición completa del poemario.

11. La muerte habla al caballero

Y la Muerte dijo: Buen caballero, dejad el mundo engañoso...

Adaptación resumida del material original a partir de Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre, coplas 33–34; no es una cita literal. Cotejo: p. 17 de la edición digital de la Biblioteca Digital ILCE. Consultar cotejo

Qué se personifica: La muerte actúa como un personaje que toma la palabra y aconseja al caballero.

La capacidad de hablar hace explícita la personificación. El pasaje remite al encuentro de don Rodrigo con la muerte: en la copla 33 llega a su puerta y en la 34 comienza su discurso. El caso aporta diálogo, frente a la muerte que solo mira en la expresión anterior.

El original de la guía condensaba la escena e incluía (J. Manrique). Se mantiene su formulación como adaptación identificada. No son versos literales: la edición de ILCE inicia la copla 34 con diciendo y presenta dejad al mundo engañoso. La diferencia queda visible y viaja con la copia.

12. La aurora tiene dedos

Aurora de rosados dedos

Expresión del material original vinculada a la fórmula homérica de la Aurora. Comparada con Odisea, canto II, inicio, en TeseoPress. La traducción exacta de rosados dedos no está identificada; no se presenta como cita literal de la versión comparada. Consultar cotejo

Qué se personifica: El amanecer recibe una parte del cuerpo humano: dedos asociados al color de la luz.

Leída como imagen del amanecer, la expresión atribuye forma humana a un fenómeno natural. En la tradición homérica, Aurora es además una figura divina, de modo que conviven la personificación mitológica y el epíteto característico. No basta clasificar toda descripción de una diosa como personificación ocasional: importa esa tradición.

El comienzo del canto II de la Odisea consultado usa rosáceos dedos. Se conserva rosados, tal como llegó en la fuente, sin atribuir esa redacción exacta a una traducción determinada. No se añade una versión moderna ni se asigna traductor por semejanza.

Reconocer el recurso en contexto

Una conducta natural, como que un animal camine, no es necesariamente figurada. En cambio, atribuir conversación a utensilios o una identidad de guerrero a gatos crea personajes humanizados. El efecto depende de la escena: puede ser amenazante, cómico o expresivo.

Dirigirse a algo no demuestra por sí solo que ese algo responda o actúe como persona. Conviene leer el pasaje antes de identificar el recurso. La guía de figuras literarias ayuda a relacionarlo con otros procedimientos; la imagen literaria puede combinar sensaciones y personificación.

El apóstrofe consiste en dirigir la palabra con énfasis; puede coincidir con una personificación, como en la apelación al dolor. Para reconocer la personificación, identifica además qué capacidad, acción o forma recibe lo nombrado. La metáfora de una cárcel, la representación del corazón y el epíteto de la Aurora pueden combinarse con ese recurso.

Textos y versiones

Los dos relatos se conservan completos en la extensión aportada, con ajustes de escritura. Las frases no se atribuyen a autores, refranes o series por semejanza con un título. La canción mantiene la versión del original y documenta su cotejo; se identifica el límite de autoría de la adaptación.

Los créditos forman parte de la copia. Versos, escenas y repeticiones internas no se cuentan como ejemplos independientes.

Los cinco pasajes adicionales son fragmentos, expresiones breves o adaptaciones identificadas. La frase de Manrique es un resumen de la escena; la formulación exacta de la Aurora no tiene traductor acreditado. El fragmento de González Martínez se coteja en un estudio que lo cita, no en el poemario completo. Estas precisiones se conservan al copiar.