Qué es un poema

Un poema organiza una experiencia mediante el lenguaje. Puede estar escrito en verso o en prosa; no necesita siempre rima ni una medida regular. La palabra procede del latín poēma y del griego poíēma, según el Diccionario de la lengua española.

Poesía designa el arte o la tradición; poema, una obra concreta. El género lírico permite estudiar especialmente la voz y su experiencia. No todos los poemas son confesiones del autor ni estos tres términos son equivalentes en todos sus usos.

Niña sentada leyendo un libro, bajo una frase que relaciona los poemas con los estados de ánimo
La ilustración relaciona los poemas con los estados de ánimo. Un poema también puede narrar, reflexionar o construir una escena.

Cómo leer estos quince ejemplos

Observa quién habla, a quién se dirige y qué cambia entre el principio y el final. Después relaciona una imagen, una repetición o una pausa con ese cambio. Las figuras literarias producen efectos de sentido, además de tener valor expresivo.

La colección reúne quince selecciones: algunas son poemas completos y otras son partes de una obra. La extensión breve o larga no constituye por sí sola un género. Los títulos, las dedicatorias y los epígrafes se distinguen del cuerpo poético; las notas explican las particularidades de cada versión.

En pantallas estrechas, un verso largo puede ocupar dos renglones: ese ajuste visual no crea un verso nuevo. Los botones de copia mantienen los saltos de los poemas, su identificación y sus créditos.

Ezra Pound: El jardín

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Ezra Pound · El jardín (The Garden). Traducción atribuida a Javier Calvo por A media voz.

Epígrafe: «En robe de parade» — Samain.

Como un ovillo de hebras de seda estampado contra una pared ella bordea la tapia de un sendero en los jardines de Kensington y se va muriendo poco a poco de una especie de anemia emocional. Y por allí se pasea una chusma de hijos de la miseria, inmundos, vigorosos, inextinguibles. Ellos heredarán la tierra. Ella es el final de la estirpe. Su aburrimiento es exquisito y excesivo. Le gustaría que alguien fuese a hablarle, y casi tiene miedo de que yo cometa esa indiscreción.

La comparación inicial presenta una figura frágil y distante. El contraste con los niños del entorno introduce una oposición social; el final sitúa al observador dentro de la escena. La voz no solo expresa una emoción: mira, compara y juzga.

Texto y versión. El epígrafe francés se atribuye a Samain. La versión española consta de doce versos en tres grupos. A media voz es la fuente del texto y de la atribución a Javier Calvo; esa atribución no está confirmada mediante una edición del traductor. A media voz · Ezra Pound y créditos de traducción.

Ezra Pound: Un pacto

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Ezra Pound · Un pacto (A Pact). Traducción atribuida a Marcelo Covián por A media voz.

Yo hago un pacto contigo, Walt Whitman. Ya te he detestado lo suficiente. Llego a ti como un niño crecido Que ha tenido un padre testarudo; Ya tengo edad para hacer amigos. Fuiste tú el que partió la nueva leña, Ahora es el tiempo de tallar. Nosotros tenemos la raíz y la savia: Que haya intercambio entre nosotros.

La voz se dirige a Walt Whitman y cambia la hostilidad por el reconocimiento. La madera, la raíz y la savia convierten la relación con un antecesor literario en una imagen de trabajo compartido.

Texto y versión. Esta versión española presenta nueve versos en cuatro grupos. Esa disposición no determina la forma estrófica del poema inglés. A media voz atribuye la traducción a Marcelo Covián; la atribución no está confirmada mediante una edición del traductor. A media voz · Ezra Pound y créditos de traducción.

Alfonsina Storni: Dos palabras

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Alfonsina Storni · Dos palabras. Versión con diferencias respecto de El dulce daño (1918); procedencia de las variantes no identificada.

Esta noche al oído me has dicho dos palabras comunes. Dos palabras cansadas de ser dichas. Palabras que de viejas son nuevas. Dos palabras tan dulces que la luna que andaba filtrando entre las ramas se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras que una hormiga pasea por mi cuello y no intento moverme para echarla. Tan dulces dos palabras que digo sin quererlo -¡oh, qué bella, la vida!- Tan dulces y tan mansas que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman. Tan dulces y tan bellas que nerviosos, mis dedos, se mueven hacia el cielo imitando tijeras. Oh, mis dedos quisieran cortar estrellas.

La repetición evita nombrar las palabras que desencadenan la emoción. La luna, la hormiga y las estrellas amplían una experiencia íntima hacia el paisaje. El final hace visible el deseo mediante el gesto de las tijeras.

Texto y versión. El facsímil de 1918, pp. 40–41, reúne los nueve versos iniciales y contiene «Que los dedos más largos de mi mano derecha» y «Mis dos dedos quisieran». Aquí se leen «que nerviosos, mis dedos» y «Oh, mis dedos quisieran». No está identificada la edición de la que proceden estas diferencias ni está probado que sean variantes de autora. Alfonsina Storni · El dulce daño (1918), pp. 40–41; facsímil.

Alfonsina Storni: Soy

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Alfonsina Storni · Soy, de Ocre (1925). Soneto completo.

Soy suave y triste si idolatro, puedo bajar el cielo hasta mi mano cuando el alma de otro al alma mía enredo. Plumón alguno no hallarás más blando. Ninguna como yo las manos besa, ni se acurruca tanto en un ensueño, ni cupo en otro cuerpo, así pequeño, un alma humana de mayor terneza. Muero sobre los ojos, si los siento como pájaros vivos, un momento, aletear bajo mis dedos blancos. Sé la frase que encanta y que comprende y sé callar cuando la luna asciende enorme y roja sobre los barrancos.

La voz se define por sus gestos: besar, acunar, comprender y callar. Las imágenes de las manos y los pájaros unen ternura y movimiento. El yo es una construcción del poema, no una prueba biográfica.

Texto y versión. El soneto organiza sus catorce versos en dos cuartetos y dos tercetos. «Plumón alguno» inicia el último verso del primer cuarteto. La edición de 1925, pp. 11–12, emplea mayúscula al comienzo de cada verso; esta presentación no sigue sistemáticamente ese uso. Alfonsina Storni · Ocre (1925), pp. 11–12; facsímil.

Jorge Manrique: Coplas I–II

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Jorge Manrique · Coplas por la muerte de su padre, I–II. Dos coplas completas; fragmento de la obra.

Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor. Pues si vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado. No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera mas que duró lo que vio, pues que todo ha de pasar por tal manera.

La invitación a despertar prepara una reflexión sobre el paso del tiempo. Los versos breves marcan pausas dentro de cada copla y dan relieve a las ideas de muerte, memoria y fugacidad.

Texto y versión. Las coplas I y II suman veinticuatro versos y constituyen el comienzo de la elegía, no la obra completa. La edición de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes contiene las lecturas «cualquiera tiempo», «mas que duró» y «pues que todo ha de pasar». Cervantes · Manrique, Coplas I–II.

Gabriela Mistral: Balada

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Gabriela Mistral · Balada. Poema de veinticuatro versos.

Él pasó con otra; yo le vi pasar. Siempre dulce el viento y el camino en paz. ¡Y estos ojos míseros le vieron pasar! Él va amando a otra por la tierra en flor. Ha abierto el espino; pasa una canción. ¡Y él va amando a otra por la tierra en flor! Él besó a la otra a orillas del mar; resbaló en las olas la luna de azahar. ¡Y no untó mi sangre la extensión del mar! Él irá con otra por la eternidad. Habrá cielos dulces. (Dios quiera callar.) ¡Y él irá con otra por la eternidad!

Las escenas de paso, beso y permanencia intensifican el dolor de una voz excluida. Las repeticiones enlazan lugares distintos y hacen que cada nueva escena responda a la anterior.

Texto y versión. Las cuatro estrofas de seis versos corresponden a la disposición de la antología de Alfredo Lefebvre (1945), pp. 65–66. Cada estrofa desarrolla una escena y concluye con una repetición que intensifica la emoción. Memoria Chilena · Poetas chilenos contemporáneos, selección de Alfredo Lefebvre, 1945, pp. 65–66.

Jorge Luis Borges: Ajedrez, II

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Jorge Luis Borges · Ajedrez, II, de El hacedor. Segundo soneto completo; fragmento del díptico.

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada Reina, torre directa y peón ladino Sobre lo negro y blanco del camino Buscan y libran su batalla armada. No saben que la mano señalada Del jugador gobierna su destino, No saben que un rigor adamantino Sujeta su albedrío y su jornada. También el jugador es prisionero (La sentencia es de Omar) de otro tablero De negras noches y de blancos días. Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza De polvo y tiempo y sueño y agonías?

Las piezas parecen actuar, pero dependen del jugador. El poema extiende esa dependencia hacia otras fuerzas y transforma una partida en una pregunta sobre libertad y destino.

Texto y versión. Este es el segundo de los dos sonetos de Ajedrez. Sus catorce versos se distribuyen en dos cuartetos y dos tercetos. La fuente de consulta es la cita de Salvador Vélez, pp. 35–36, que remite a Obra poética (Emecé, 1999, p. 123). Gonzalo Salvador Vélez · Borges, lector de Qohélet, pp. 35–36, cita de El hacedor (fuente secundaria).

José Gorostiza: Se alegra el mar

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José Gorostiza · Se alegra el mar, dedicado a Carlos Pellicer.

Dedicatoria: A Carlos Pellicer.

Iremos a buscar hojas de plátano al platanar. Se alegra el mar. Iremos a buscarlas en el camino, padre de las madejas de lino. Se alegra el mar. Porque la luna (cumple quince años a pena) se pone blanca, azul, roja, morena. Se alegra el mar. Porque la luna aprende consejo del mar, en perfume de nardo se quiere mudar. Se alegra el mar. Siete varas de nardo desprenderé para mi novia de lindo pie. Se alegra el mar. Siete varas de nardo, sólo un aroma, una sola blancura de pluma de paloma. Se alegra el mar. Vida —le digo— blancas las desprendí, yo bien lo sé, para mi novia de lindo pie. Se alegra el mar. Vida —le digo— blancas las desprendí. ¡No se vuelvan oscuras por ser de mí! Se alegra el mar.

El estribillo atribuye alegría al mar y acompaña cada cambio de imagen. La luna, las flores y el regalo amoroso componen una escena de celebración. Su repetición enlaza las escenas y marca el ritmo del poema.

Texto y versión. Ocho grupos de tres versos combinan una pareja de versos con el estribillo «Se alegra el mar». La dedicatoria no forma parte de esos veinticuatro versos. La cita de Rodríguez Martínez, p. 121, es la fuente de consulta; incluye la grafía «a pena» y los incisos «—le digo—». Daniel Rodríguez Martínez · Se alegra el mar, América sin Nombre 31 (2024), p. 121; cita académica en texto indexado.

Antonio Machado: Desgarrada la nube

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Antonio Machado · Desgarrada la nube, poema LXII de Soledades. Galerías. Otros poemas.

Desgarrada la nube; el arco iris brillando ya en el cielo, y en un fanal de lluvia y sol el campo envuelto. Desperté. ¿Quién enturbia los mágicos cristales de mi sueño? Mi corazón latía atónito y disperso. ...¡El limonar florido, el cipresal del huerto, el prado verde, el sol, el agua, el iris...! ¡el agua en tus cabellos!... Y todo en la memoria se perdía como una pompa de jabón al viento.

El despertar transforma un paisaje luminoso en una imagen que se desvanece. La comparación final con la pompa de jabón explica su fragilidad: lo recordado se aleja mientras la voz intenta retenerlo.

Texto y versión. El poema se identifica por su primer verso y consta de catorce versos. Los tres grupos de esta presentación facilitan la lectura; no indican una forma estrófica fija. Texto de referencia: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Cervantes · Antonio Machado, Desgarrada la nube.

Edgar Allan Poe: Soneto a la ciencia

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Edgar Allan Poe · Soneto a la ciencia (Sonnet—To Science). Traducción al español de autoría no identificada.

¡Ciencia! ¡verdadera hija del tiempo tú eres! que alteras todas las cosas con tus escrutadores ojos. ¿Por qué devoras así el corazón del poeta, buitre, cuyas alas son obtusas realidades? ¿Cómo debería él amarte? o ¿cómo puede juzgarte sabia aquel a quien no dejas en su vagar buscar un tesoro en los enjoyados cielos, aunque se elevara con intrépida ala? ¿No has arrebatado a Diana de su carro? ¿Ni expulsado a las Hamadríades del bosque para buscar abrigo en alguna feliz estrella? ¿No has arrancado a las Náyades de la inundación, al Elfo de la verde hierba, y a mí del sueño de verano bajo el tamarindo?

La voz interpela a la ciencia mediante preguntas y la compara con un ave que despoja al mundo de sus relatos. Diana, las dríadas y las náyades representan el universo mítico al que se dirige el lamento.

Texto y versión. La versión española tiene catorce versos. Su traductor y su edición de procedencia no están identificados. La edición inglesa de Campbell permite consultar el poema en inglés, pero no acredita esta traducción; la rima y la medida del inglés no se trasladan automáticamente al español. Edgar Allan Poe Society · Sonnet—To Science, edición Campbell (1917), original inglés.

Ezra Pound: La tumba de Akr Caar

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Ezra Pound · La tumba de Akr Caar. Traducción atribuida a Marcelo Covián por A media voz.

Yo soy tu alma, Nikoptis. He velado Estos cinco milenios y tus ojos muertos No se movieron ni nunca han respondido a mi deseo, Y tus miembros ligeros, que atravesé en llamas, No han ardido conmigo ni con azafranada cosa alguna. Mira, la hierba leve se levantó para hacer tu almohada Y te besó con una miríada de lenguas vegetales; Mas tú no me besaste. De tanto leerlo gasté el oro de la pared Y fatigué mi pensamiento en los signos. Y no hay nada nuevo en este sitio. He sido amable. Mira, he dejado los cántaros sellados Por si despertabas y murmurabas por tu vino. Y he mantenido suaves las túnicas sobre tu cuerpo. ¡Oh despreocupado! ¡Cómo podría olvidar! —Hasta el río hace tanto tiempo, ¿El río? Eras menos que joven Y tres almas vinieron sobre Ti Y yo vine. Y volé sobre ti, las hice huir; He sido íntima contigo, te he conocido. ¿Acaso no he tocado tus palmas y las puntas de tus dedos? ¿Acaso no me he deslizado a través tuyo hasta los talones? ¿Cómo entré? ¿Acaso no soy yo tú y Tú? Y ningún sol viene a socorrerme en este lugar Y estoy desgarrada contra la oscuridad tenebrosa; Y ninguna luz me golpea y no dices Palabra, día tras día. ¡Oh! podría salir, a pesar de las marcas Y toda su hábil labor sobre la puerta, Salir a través de los campos de verde cristal... Mas hay quietud aquí. No me voy.

Un alma habla a un cuerpo que no responde. El monólogo pasa del cuidado a la queja y del deseo de salir a la decisión de quedarse. La escena y su voz pertenecen a la construcción literaria del poema.

Texto y versión. Esta versión presenta cinco grupos de 5, 6, 3, 10 y 9 versos. A media voz es la fuente del texto y de la atribución a Marcelo Covián; esa atribución no está confirmada mediante una edición del traductor. A media voz · Ezra Pound y créditos de traducción.

Pablo Neruda: Agua sexual

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Pablo Neruda · Agua sexual, de Residencia en la tierra. La fuente de consulta reproduce solo parte del poema.

Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones, cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo las cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, bodegas, cigarras, poblaciones, estímulos, habitaciones, niñas durmiendo con las manos en el corazón, soñando con bandidos, con incendios, veo barcos, veo árboles de médula erizados como gatos rabiosos, veo sangre, puñales y medias de mujer, y pelos de hombre, veo camas, veo corredores donde grita una virgen, veo frazadas y órganos y hoteles. Veo los sueños sigilosos, admito los postreros días, y también los orígenes, y también los recuerdos, como un párpado atrozmente levantado a la fuerza estoy mirando. Y entonces hay este sonido: un ruido rojo de huesos, un pegarse de carne, y piernas amarillas como espigas juntándose. Yo escucho entre el disparo de los besos, escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos. Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo. y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer un agua sorda, a goterones sordos. Es como un huracán de gelatina, como una catarata de espermas y medusas. Veo correr un arco iris turbio. Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

Las repeticiones de cae, veo y escucho dan continuidad a una sucesión de imágenes corporales y sensoriales. El agua articula un recorrido por la percepción y la memoria. La lectura puede seguir esas recurrencias sin convertir cada imagen en una equivalencia fija.

Texto y versión. El estudio de Hernán Loyola, pp. 103–105, cita pasajes con omisiones. Permite contrastar esos pasajes, pero no respalda por sí solo la totalidad de esta transcripción ni todas sus divisiones. Para una cita académica completa, consulta una edición de Residencia en la tierra. Hernán Loyola · estudio de Agua sexual, Mapocho 70 (2011), pp. 103–105; citas parciales.

Alfonsina Storni: Alma desnuda

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Alfonsina Storni · Alma desnuda. Versión con diferencias respecto de Irremediablemente… (1919); procedencia de las variantes no identificada.

Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda que angustiada y sola Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que puede ser un lirio, una violeta, Un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta Y ruge cuando está sobre los mares, Y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora sobre sus altares, Dioses que no se bajan a cegarla; Alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla Con sólo un corazón que se partiera Para en su sangre cálida regarla. Alma que cuando está en la primavera Dice al invierno que demora: vuelve, Caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva se disuelve En tristezas, clamando por las rosas con que la primavera nos envuelve. Alma que a ratos suelta mariposas A campo abierto, sin fijar distancia, Y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia De un suspiro, de un verso en que se ruega, Sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega Y negando lo bueno el bien propicia Porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia Palpar las almas, despreciar la huella, Y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos, vaga, corre y gira; Alma que sangra y sin cesar delira Por ser el buque en marcha de la estrella.

La anáfora de Alma acumula posibilidades a veces contradictorias: fragilidad, fuerza, deseo y negación. La enumeración hace que la identidad del yo permanezca abierta, en lugar de reducirla a una sola cualidad.

Texto y versión. El poema presenta once tercetos y un cuarteto final. El facsímil de 1919, pp. 9–11, contiene «desconforme» y termina «Por el oro precioso de una estrella». Aquí aparecen «disconforme» y «Por ser el buque en marcha de la estrella». No está identificada la edición de la que proceden estas diferencias; esta versión no debe citarse como transcripción de la edición de 1919. Alfonsina Storni · Irremediablemente… (1919), pp. 9–11; facsímil.

Antonio Machado: El poeta

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Antonio Machado · El poeta, XVIII. Versión próxima a la redacción posterior de Poesías completas, documentada en un estudio académico.

Dedicatoria de la redacción citada: Para el libro La casa de la primavera, de Gregorio Martínez Sierra.

Maldiciendo su destino como Glauco, el dios marino, mira, turbia la pupila de llanto, el mar, que le debe su blanca virgen Scyla. Él sabe que un Dios más fuerte con la sustancia inmortal está jugando a la muerte, cual niño bárbaro. Él piensa que ha de caer como rama que sobre las aguas flota, antes de perderse, gota de mar, en la mar inmensa. En sueños oyó el acento de una palabra divina; en sueños se le ha mostrado la cruda ley diamantina, sin odio ni amor, y el frío soplo del olvido sabe sobre un arenal de hastío. Bajo las palmeras del oasis el agua buena miró brotar de la arena; y se abrevó entre las dulces gacelas, y entre los fieros animales carniceros... Y supo cuánto es la vida hecha de sed y dolor. Y fue compasivo para el ciervo y el cazador, para el ladrón y el robado, para el pájaro azorado, para el sanguinario azor. Con el sabio amargo dijo: Vanidad de vanidades, todo es negra vanidad; y oyó otra voz que clamaba, alma de sus soledades: sólo eres tú, luz que fulges en el corazón, verdad. Y viendo cómo lucían miles de blancas estrellas, pensaba que todas ellas en su corazón ardían. ¡Noche de amor! Y otra noche sintió la mala tristeza que enturbia la pura llama, y el corazón que bosteza, y el histrión que declama Y dijo: Las galerías del alma que espera están desiertas, mudas, vacías: las blancas sombras se van. Y el demonio de los sueños abrió el jardín encantado del ayer. ¡Cuán bello era! ¡Qué hermosamente el pasado fingía la primavera, cuando del árbol de otoño estaba el fruto colgado, mísero fruto podrido, que en el hueso acibarado guarda el gusano escondido! ¡Alma, que en vano quisiste ser más joven cada día, arranca tu flor, la humilde flor de la melancolía.

El recorrido alterna sueño, conocimiento, compasión y desengaño. La imagen del jardín pasado desemboca en un fruto deteriorado; el final cambia la búsqueda de juventud por la aceptación de la melancolía.

Texto y versión. El estudio de Muñoz Montero, pp. 119–121, distingue esta redacción de la de 1909. La presentación incluye el verso escalonado «¡Noche de amor! / Y otra noche» y diferencias menores de puntuación, además de «oasis» frente a «oäsis» en la cita académica. La dedicatoria se muestra fuera de los versos. Luis Jesús Muñoz Montero · Antonio Machado: aproximaciones a una poética del no (2017), pp. 119–121.

Edgar Allan Poe: El valle de la inquietud

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Edgar Allan Poe · El valle de la inquietud (The Valley of Unrest). Traducción al español de autoría no identificada.

HUBO aquí un valle antaño, callado y sonriente, donde nadie habitaba: partiéronse las gentes a la guerra, dejando a los luceros, de ojos dulces, que velaran, de noche, desde azuladas torres, las flores, y en el centro del valle, cada día, la roja luz del sol se posaba, indolente. Mas ya quien lo visite advertiría la inquietud de ese valle melancólico. No hay en él nada quieto, sino el aire, que ampara aquella soledad de maravilla. ¡Ah! Ningún viento mece aquellos árboles, que palpitan al modo de los helados mares en torno de las Hébridas brumosas. ¡Ah! Ningún viento arrastra aquellas nubes, que crujen levemente por el cielo intranquilo, turbadas desde el alba hasta la noche, sobre las violetas que allí yacen, como ojos humanos de mil suertes, sobre ondulantes lirios, que lloran en las tumbas ignoradas. Ondulan, y de sus fragantes cimas cae eterno rocío, gota a gota. Lloran, y por sus tallos delicados, como aljófar, van lágrimas perennes.

El paisaje parece deshabitado, pero árboles, nubes y flores se mueven sin viento. La personificación y las negaciones crean una inquietud que contradice el recuerdo inicial de calma.

Texto y versión. Las veintiséis líneas corresponden a la versión difundida por la Secretaría de Educación de Coahuila. Sus cortes de página no constituyen estrofas. El documento no identifica al traductor. Secretaría de Educación de Coahuila · El valle de la inquietud; traducción sin crédito.

Del recurso al sentido

En Gorostiza, el estribillo acompaña la celebración; en Storni, la repetición desarrolla una identidad o una emoción; en Borges, una escena de juego conduce a una pregunta. Comentar un poema consiste en explicar esa relación con palabras del propio texto, sin sustituirlo por una lista de nombres de recursos.

Para estudiar su organización, consulta verso y rima. Cuando se trate de una traducción, diferencia las características de la versión que lees de las del original.